Hablar de “design thinking” puede parece una moda pasajera, de aquellas que nadie acaba de saber bien bien que es, pero la cual parece que se deba incluir en cada charla que uno oye sobre innovación y que en la mayoría de casos sirve para engrosar la factura de pomposas consultoras de innovación.

Pero, ¿es así? ¿es una moda pasajera?

Sí y no. Lo es el término, pero no lo que significa. Básicamente porque no es una palabra de moda, y si me apuras, en esencia no es ni siquiera un método, sino una “actitud” frente a un problema, una oportunidad o una necesidad.
Tim Brow, padre del termino y CEO de IDEO, escribía hace unos días un artículo precisamente al respecto.

La tendencia

Paralelamente, este septiembre se cerro la segunda convocatoria de 30weeks, un programa de mentoring diseñado por Hyperisland y Google para incorporar diseñadores en los circuitos de founding.
Como reza su presentación: “30weeks es programa para proveer a diseñadores de herramientas y el acompañamiento para crear productos y fundar empresas que puedan cambiar el mundo.”

 

 

Así que lejos de volverse obsoleto el “design thinking” traspasa el contexto para el que fue creado para convertirse en una herramienta de innovación en la mayoría de aspectos donde el proceso de creación este involucrado, ya sea una startup, un producto, un servicio, un sistema o un lugar.
Ha pasado de ser una metodología de diseño a una actitud holística frente a los retos.

Pero, ¿qué es exactamente el “Design Thinking”?
Para mí, más allá de las diversas metodologías existentes, es simplemente un “mindset” (disculparme el anglicismo pero me gusta ese sentido anglosajón de “sintonizar tu mente”), una manera de pensar y trabajar que se ha traducido en una metodología de trabajo, que impregna todo el espectro de actividades de innovación con un diseño centrado en las personas, usuarios o consumidores.

No es más que una metodología basada en el aprendizaje constante, donde la innovación es impulsada por un profundo conocimiento empírico, a través de la investigación y la observación directa de las personas para las que diseñamos un producto, un servicio, un espacio o un sistema.
De la observación de sus necesidades, de lo que les gusta o no les gusta, de como se relacionan con cada aspecto de un producto, su presentación, su comercialización, su experiencia de uso, su acceso al soporte, etc…

Sucede que esta cultura empírica de testear, de prueba y error, de conocer a tu usuario, de indagar en sus necesidades, en sus frustraciones, en aquello que aprecia, en resumen en su propia experiencia, es una cultura bastante alejada de la realidad de las grandes compañías.

Y ¿cómo ayuda esa filosofía a las empresas?
Typeform, es una compañía de Barcelona que comercializa una plataforma para crear formularios on-line, para hacer encuestas, colectar datos, etc… He tenido la suerte de conocer la evolución de typeform desde su nacimiento, y lo mucho que han luchado Robert y su equipo para lanzar su producto. Hoy están literalmente de moda, con un producto alabado por muchos, y que parecen destinados a barrer un mercado obsoleto.


Pero Robert y su equipo han picado mucha piedra para convencer a inversores para que apostaran en su proyecto, y estos tuvieron que llegar de fuera.

El problema, habían creado un producto para hacer encuestas, ¿qué había de nuevo en eso? les preguntaban.
La verdadera innovación era el diseño holístico de la experiencia. Trabajaron en conocer a los usuarios, sus necesidades, aquello que les molestaba, lo que les gustaba, etc, Lanzaron un prototipo que usábamos unos pocos usuarios y amigos, luego una Alpha, luego una Beta, luego validaban, mejoraban y sacaban nuevas funcionalidades. El resultado, han creado un producto donde por primera vez, contestar la típica encuesta de satisfacción puede ser una experiencia gratificante.
Asi de simple, así de revolucionario.

Las malas noticias.
Creo que solo aquellas compañías que han nacido con esa mentalidad son capaces de hacer del Design Thinking su “mindset” corporativo.
He vivido un proceso de cambio cultural en una PIME de poco más de 50 trabajadores y he experimentado en primera persona como los cambios en las organizaciones son extremadamente complejos, donde el talento es simplemente abducido por la organización, si los cambios no afrontan todos los aspectos organizativos de una empresa.
Así que, estoy prácticamente convencido que las grandes compañías están sumamente lejos de poder incorporar una filosofía de design thinking en sus procesos de creación, básicamente porque no dependerá de dotar de recursos a un solo equipo, sino en un cambio de la organización completa.

Las buenas noticias.
El corporate venturing, es la herramienta que ayudará a muchas compañías a generar cambios y impulsar nuevos productos y servicios a partir de la creación de equipos mixtos, donde personas de la organización, con conocimiento de su industria se liberan de la compañía y acompañados por un equipo externo que aporta metodología y una visión del proceso, afrontan el desarrollo de productos/servicios realmente innovadores.

Sin duda, industrias como la farmacéutica, los servicios financieros, las industrias del contenido o incluso la política y la administración, van a requerir de procesos urgentes de innovación.
Crear equipos internos, liberarlos de la organización y ponerlos a trabajar, en entornos de startup, en procesos reales de creación, puede generar grandes oportunidades de innovación en compañías que hoy están sumamente lejos de ser innovadoras.

 

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